Iniciar un nuevo año es
darse una oportunidad para imaginar, soñar, vivir y crear. Precisamente, la
invitación para este año lectivo, 2014-2015, es que seas el PROTAGONISTA de
nuestra historia intelectual.
La literatura también
intenta parar el tiempo. No sé si lo consigue, pero lo que sí sé es que la literatura es como un viaje como la
pintura, nos emociona, y nos hace sentir, como diría San Juan, “un no sé qué
que queda balbuciendo”. ¿Qué es lo que provoca que la literatura nos emocione?
Esa es la pregunta que muchos se han hecho y se siguen haciendo. Recuerdo a un
catedrático de literatura que se esforzaba, durante mis años de Universidad, en
responder a esta extraña pregunta. Para ello dedicó todo un año y, por
supuesto, no consiguió la respuesta. Lo recuerdo sentado ante su mesa doctoral
leyendo sus apuntes amarillentos, frente a unos sesenta alumnos, aburridos y
pensando, por supuesto, en todo menos en resolver el enigma de la literariedad
perdida. De los labios del egregio sabio surgía a cada momento una lluvia
espumosa de nombres de teóricos de la lingüística y de la literatura, como
autoridades indispensables que le servían para definir, argumentar y
explotar la teoría de la literariedad encontrada. Pero nunca la encontró, y
sentimos que el tiempo se perdía entre el aburrimiento y el desencanto.
En un papel, hoy también
amarillento, entre extraños nombres y conceptos teóricos, un día en que el
fastuoso sabio peroraba sobre la literariedad, escribí estos versos. En ellos
aparecen dos voces, dos perspectivas, la voz del profesor de universidad y la
voz de mi pensamiento, en el mismo momento en que se efectuaba el acto de la
clase. Y durante ese acto de creación juvenil descubrí a la vieja señora
llamada literariedad, a la que tantos profesores y estudiantes de
literatura buscan durante años, nada más y nada menos que a mi lado, en el
rostro amable de una joven princesa que me miraba con cierto desdén.
Espero y deseo que este
blog los ayude a conocer mejor el mundo de nuestra lengua y literatura. Leyos
voy a decir que no pierdas detalle, porque a veces la emoción, la literariedad,
puede surgir de cualquier mirada, de cualquier encuentro, o de cualquier
experiencia de la vida, como en un bello ocaso en La playa del silencio, y no
en tantos y tantos datos que nos obligan a conocer. Disfrutad si puedes y,
sobre todo, espero que al final se hagan verdaderas las palabras de otro
profesor, Miguel de Unamuno, quien cuando iniciaba sus cursos, decía a sus
alumnos: “Ustedes son los encargados de demostrar mi ineptitud”.


No hay comentarios:
Publicar un comentario